Bitácora del Desvarío Absoluto
David García
Amor
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Navego a contracorriente, sobre un mar de aguas turbulentas, aguas que se empeñan con saña en hundirme. Mi barco, que es frágil y pequeño, lucha con esfuerzo, impulsado por el motor que funciona con tu sonrisa, que se alimenta solo de tu mirada.
Amada mía, tal vez me hunda antes de alcanzar tus brazos, mas como capitán de esta nave, me hundiré junto a él. ¿Por qué? ¡Porque es mi destino! No existe marcha atrás, aun contra todo pronóstico y la incredulidad de la gente, incluso ante la duda que albergas en tu corazón. No puedo regresar atrás, es imposible; este viaje solo tiene una dirección: tu corazón.
Pero si mi destino es naufragar, ¡que así sea! Que la tormenta me azote con todo su poder, que las olas me golpeen, salvajes, ávidas por destruirme, que el dios del mar arremeta contra mi barco y mi cuerpo sea destrozado por los seres del abismo Qué me importa
Al final podré decir: lo intenté, lo intenté, lo intenté. Con todo mi corazón, con todas mis fuerzas, con todo mi anhelo. Si bien zarpé tarde del muelle, mi voluntad me guía a gran velocidad. Así que, amor mío, me esperes o no, allá voy, porque sé que al menos una parte de ti, quiere que arribe bien a tus brazos, quiere tenerme, quiere amarme. Y si Dios decide que no llegaré, pues bienvenida sea la muerte; me hundiré sin remordimiento, sin miedo.
Pero has de saber que jamás mi voluntad ha sentido tanta determinación, a pesar de que en este barco navego solo: el viento a tu corazón me llevará, porque prefiero decir: lo he dado todo, lo he intentado hasta agotar, que quedarme en la orilla solo a observar.
Te amo. Solo te amo.
Amada mía, tal vez me hunda antes de alcanzar tus brazos, mas como capitán de esta nave, me hundiré junto a él. ¿Por qué? ¡Porque es mi destino! No existe marcha atrás, aun contra todo pronóstico y la incredulidad de la gente, incluso ante la duda que albergas en tu corazón. No puedo regresar atrás, es imposible; este viaje solo tiene una dirección: tu corazón.
Pero si mi destino es naufragar, ¡que así sea! Que la tormenta me azote con todo su poder, que las olas me golpeen, salvajes, ávidas por destruirme, que el dios del mar arremeta contra mi barco y mi cuerpo sea destrozado por los seres del abismo Qué me importa
Al final podré decir: lo intenté, lo intenté, lo intenté. Con todo mi corazón, con todas mis fuerzas, con todo mi anhelo. Si bien zarpé tarde del muelle, mi voluntad me guía a gran velocidad. Así que, amor mío, me esperes o no, allá voy, porque sé que al menos una parte de ti, quiere que arribe bien a tus brazos, quiere tenerme, quiere amarme. Y si Dios decide que no llegaré, pues bienvenida sea la muerte; me hundiré sin remordimiento, sin miedo.
Pero has de saber que jamás mi voluntad ha sentido tanta determinación, a pesar de que en este barco navego solo: el viento a tu corazón me llevará, porque prefiero decir: lo he dado todo, lo he intentado hasta agotar, que quedarme en la orilla solo a observar.
Te amo. Solo te amo.
Sobre el Autor
David García
Solo soy un loco enamorado
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