Carta a un amor perdido
David García
Arrepentimiento
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¿Acaso mi corazón se cae a pedazos? ¿O por qué pesa tanto mi alma? ¿Por qué el respirar es tan difícil? ¿Por qué mi cuerpo parece aletargado?
¡Ah! Ya sé, por supuesto... Es el peso de las consecuencias que azotan mi alma con tal fuerza, que la gravedad pareciera perder influencia.
Es el peso de mis errores y miedos, que como caudal de río, arrastró lo que más he amado y lo arrojó al mar, allá donde los sueños mueren.
Solo me queda una cosa, sí, solo una. Para aquella mujer que con amor entregó su alma, corazón, cuerpo y fue rechazada, pedir perdón no alcanza.
No hay palabras que con fidelidad describan el arrepentimiento que carga mi corazón. No hay frase que mengüe el sufrimiento que atravesó.
Para esa mujer de piel morena, que asemeja un hermoso retrato de lo perfecto y que su sonrisa ilumina más que mil soles.
Ha de saber, que no he conocido a nadie igual, y si no lo sabe de mi boca, que el viento lleve mis palabras hasta su corazón y lo graben en su alma.
Que las aves canten una balada en su honor y que las piedras abran camino a su paso. Que mi alma se conecte con la suya y su corazón lata junto al mío.
¡Ah! Sí... No hay palabras para pedir perdón, pero sí para declarar mi amor, incluso si ya se ha perdido.
¡Ah! Ya sé, por supuesto... Es el peso de las consecuencias que azotan mi alma con tal fuerza, que la gravedad pareciera perder influencia.
Es el peso de mis errores y miedos, que como caudal de río, arrastró lo que más he amado y lo arrojó al mar, allá donde los sueños mueren.
Solo me queda una cosa, sí, solo una. Para aquella mujer que con amor entregó su alma, corazón, cuerpo y fue rechazada, pedir perdón no alcanza.
No hay palabras que con fidelidad describan el arrepentimiento que carga mi corazón. No hay frase que mengüe el sufrimiento que atravesó.
Para esa mujer de piel morena, que asemeja un hermoso retrato de lo perfecto y que su sonrisa ilumina más que mil soles.
Ha de saber, que no he conocido a nadie igual, y si no lo sabe de mi boca, que el viento lleve mis palabras hasta su corazón y lo graben en su alma.
Que las aves canten una balada en su honor y que las piedras abran camino a su paso. Que mi alma se conecte con la suya y su corazón lata junto al mío.
¡Ah! Sí... No hay palabras para pedir perdón, pero sí para declarar mi amor, incluso si ya se ha perdido.
Sobre el Autor
David García
Solo soy un loco enamorado
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